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Sobre "Echándole Cuento"

Decía Camilo José Cela: "En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano."

Pues eso, que si alguien disfruta con alguno de estos estos escritos, ya me sentiré premiado.

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Domingo, 24 de septiembre de 2006

El balón


- Hola
Yo me volví, buscando quién me saludaba. Miré a un lado y a otro. Nadie. Di, de nuevo, la vuelta, para continuar por mi camino cuando oí otra vez la voz:
- Hola
Busqué por detrás. Allí no había más que un balón. Un balón de fútbol, con hexágonos de color amarillo y azul. No comprendía nada. No había nadie que pudiera emitir un saludo y, sin embargo, yo lo había oído dos veces.
- ¿Acaso no me recuerdas?
No daba crédito a lo que estaba oyendo. La voz salía de aquella pelota que tenía a mis pies. No sabía sin contestarle o no, en realidad, la situación era ridícula.
- No, se ve que ya me has olvidado.
- Pues..., no sabría que decirte... -, conseguí decir, al fin. - La verdad...
- ¡Soy yo! El balón del cesto de balones. ¿No te acuerdas?
- ¿Qué cesto?
- En cuanto crecéis, olvidáis los auténticos deseos que una vez tuvisteis -, contestó el balón entristecido, mientras se daba la vuelta para marcharse lentamente.
Entonces me vino a la mente un recuerdo ya casi olvidado. Una imagen que permanecía oculta, en el último rincón de mi cerebro, seguramente en la antesala del basurero de recuerdos, donde caen los totalmente desechados. El caso es que volví a ver, dentro de mi mente, aquella cesta de balones de todos los colores. Había sido cuando yo era pequeño, tan pequeño que ni recuerdo cuánto. Yo iba con mis padres por una tienda enorme, de esas en las que había de todo. De esas, a las que, los habitantes de ciudades pequeñas como la mía, íbamos de vez en cuando, a sorprendernos con tanta luz, tanto artículo; con, en definitiva, el incipiente culto al consumismo de la época. Y ahora, lo veía claro, lo que a mí me llamaba la atención entre todo aquello que se nos ponía a la vista, dispuesto a ser comprado, eran aquellas enormes cestas de balones. Unas redes que casi llegaban al techo, e iban a terminar en una cesta. Si uno tomaba una de las pelotas de la cesta, muy probablemente, caería otra de la red. Era como una orgía de colores, como una llamada que no se podía obviar. Pero de entre todos aquellos balones, uno era siempre el que llamaba mi atención. Uno especialmente luminoso, brillante. Sí, aquel amarillo y azul...
- Ya me has recordado ¿Verdad?
- No me puedo creer que esté hablando con una pelota.
- Un balón, disculpa. Y, además, de reglamento.
- Bueno, disculpa tú. Pero es que sigo sin creérmelo.
- Pues soy el mismo. Aquel que mirabas embelesado, con cara de deseo.
- Ya, pues para hacer tantos años de aquello, sigues igual de nuevo.
- Sí, bueno, sé que te parece imposible, pero también te estoy hablando... Ya va siendo hora que dejes a un lado ciertos prejuicios que te anquilosan la mente.
- Bueno, pues nada, que me alegro de verte de nuevo ¿Qué se te ofrece?
- No mucho, sólo quería volverte a ver. Siempre me pregunté por qué me mirabas así y nunca me llevaste a casa.
Recordé aquel deseo íntimo, casi secreto que sentí por aquel balón. Me veía a mí mismo apareciendo en mi calle, con una brillante pelota, amarilla y azul. Pero, que yo recuerde, nunca la pedí directamente, al menos no más allá de un "mira que balón tan chulo..."
- ¿Acaso crees que no me merecías?
Buena pregunta, pensé. Cuando uno es un crío, cualquier nimiedad puede hacerle sentirse culpable. Quizá fue eso, quizá es que pensé que no tenía méritos para que me lo compraran.
- Sería eso, sí. Quizá no tenías méritos para que te compraran un balón así.
- Bueno. No creo que me lo mereciera menos que otros que sí lo tenían. Quizá fue solo que uno no tiene todo lo que le gusta. Seguramente sea eso, no se puede tener todo.
- Puede..., pero fíjate, han pasado cuantos... ¿Quizá 40 años? Y sigo viendo en ti esa mirada de deseo melancólico. Esas ganas de tomarme y llevarme a casa.
- Bueno. Ahora tendría la posibilidad de tenerte cuando quisiera, sí. Pero ¿Para qué querría yo un balón?
- No, ahora no juegas al fútbol. Y sin embargo, todavía me acaricias con la mirada.
- Bueno, balón. Ha sido un placer reencontrarte. Pero comprende que ahora tengo que seguir a lo mío. No parece normal hablar con una pelota, y mucho menos ser psicoanalizado por ella... lo comprendes, ¿no?
- Sí, bueno, pues nada. Que tengas un buen día.
Comencé a alejarme del lugar sin poder creer lo que había pasado. Pellizqué un par de veces cada una de mis mejillas, para comprobar que no había sido un sueño. Aquella mañana apenas pude trabajar. No podía dejar de revivir el episodio y, una y otra vez, me sumergía, con gesto embelesado, en aquella cesta de balones multicolor. Volví a sentir el olor a cuero nuevo, el tacto suave de todas las pelotas expuestas, cuando yo las cogía, una a una para admirarlas. Y, por supuesto, el brillo de mi preferido: el azul y amarillo, de reglamento; que parecía ser el rey de la tienda...
Por la tarde, no lo dudé, me fui directo al centro comercial, sección deportes. Y, como por arte de magia, como si el pasado no se hubiera movido, allí estaba la cesta de balones, como aquella de mi niñez. Impasible al paso del tiempo. No tardé en ver resaltar el brillo azul y amarillo de mi preferido. Parecía estar al frente, asomado a los agujeros de la red, esperándome. Casi pude verlo sonreír, cuando lo tomé entre mis manos.
Al llegar a casa, mi hijo, que vio lo que traía entre las manos, me dijo:
- ¿Me has comprado un balón?
- No, hijo -. Respondí acariciándole la cabeza - Lo he comprado para mí.
Mi mujer y el pequeño se quedaron mirándome fijamente, sin entender nada, como queriendo ver qué era lo que me había dado. Parecían preguntarme con la mirada: ¿Y eso a qué viene?. Yo, sin más, me limité a responder:
- Lo merecía...



Pablo de Aguilar González. Septiembre 2006

Por: Pablo de Aguilar González | Relatos | Comentarios (7) | Referencias (0)

Comentarios

Jejej, qué lindo, me ha encantado... siempre tiene uno algún objeto que adoró y no pudo tener... y qué gustazo conseguirlo de mayor, por recordar la ilusión y el deseo de antaño! Genial.

Un besazo

Lau | 25-09-2006 11:48:38

A mi cuando era pequeña me encantaban los zapatos, ahora tb. je je, y una vez iba paseando por Melilla con mis padres y vi unos que me gustaban muxo,ni corta ni perezosa me quité los viejos que llevaba y me puse aquellos nuevos y relucientes que me miraban diciendome: cómprame!,
mi madre cuando vió que llevaba unos zapatos nuevos se echó las manos a la cabeza y volvió sobre sus pasos hasta encontrar los mios viejos en el suelo en la puerta de una tienda, entró y me compró los que ya llevaba. Eso me ha sugerido tu relato, eso que me sucedió hace tantos años y había olvidado.Besos.
Virginia.

Virginia | 25-09-2006 17:45:02

Anda, anda, que algunos no sabeis que inventar para daros un capricho... y los peores, los escritores!!
Besos, artista.

Tautina | 26-09-2006 12:30:33

Jo, a mí no se me aprecen las compañeras de instituto, y te aseguro que las miraba igual...
En fin, igual tampoco me merecían :p

Un abrazo, fenómeno.

Diego J. | 28-09-2006 11:51:29

Genial. Me ha encantado. Me ha hecho verme de nuevo con siete u ocho años, con aquel tren tras el escaparate. Tampoco lo pedí, pero es que había muchas cosas que con esa edad yo ya no pedía. Qué le vamos a hacer.

David | 10-10-2006 09:46:11

Genial. Me ha encantado. Me ha hecho verme de nuevo con siete u ocho años, con aquel tren tras el escaparate. Tampoco lo pedí, pero es que había muchas cosas que con esa edad yo ya no pedía. Qué le vamos a hacer.

David | 10-10-2006 09:47:46

Un gustazo leer tus textos sobre objetos parlantes, Pablo, tienes un don especial para ellos. Se me vienen a la mente tantos juguetes que quise de niña, pero eran demasiado caros para comprarlos (aunque debo reconocer que nunca me paraba a pensar si los merecía, sólo los pedía y ya) ;) Como ese perro de felpa gigante, más grande que yo, que tanto deseaba como a un tesoro cada vez que pasaba por la tienda. Cerrando los ojos, aún puedo verlo. Me encantan los recuerdos de la infancia, y cómo me has traído este de vuelta luego de tantos años.
Besos!

NOFRET | 06-11-2006 10:10:34

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